miércoles, 18 de julio de 2012

VIII.


Instinto vs razón.


El reloj marca las 5 de la tarde y mirarlo cada quince minutos ya es un tic (este comportamiento comenzó a las cuatro, aproximadamente). En vez de que el tiempo pase más rápido, como deseo, sucede exactamente lo contrario y una contractura está endureciendo la mitad de mi cuello de tanto girar la cabeza a la izquierda. "Faltan 4 horas para las 9, dejate de joder" me repito sin cesar. Resultados: ninguno, sigo como una pelotuda mirando la hora.

Atiendo el timbre, que me aturde con su aguda melodía musical y le pido a Juan, el portero, que le abra a Flor porque me daba muchísima fiaca bajar. Estos son los beneficios de ser amiga del encargado; es de Racing y nos hemos juntado a fumar afuera, cuando todavía fumaba (¿mencione que estoy intentando dejarlo?) y siempre perdía mis encendedores. Creo que su ayuda desinteresada comenzó cuando le conseguí un autógrafo de Facundo Arana, estrella de la novela en la que estoy trabajando, para su mujer (eterna fan del rubio). Desde ese entonces, me convida fuego, arregla mis desastrosas cañerías y se ríe conmigo de las extravaganzas de la yanqui que vive en el B, departamento de enfrente al mío.

- ¡Gorda! - exclamo al abrir la puerta y encontrarme con mi mejor amiga que se abalanza sobre mí. Me hundo en su hombro mientras cierro los ojos; su contacto es mullido, por el tapado gris y negro que cubre su cuerpo. Nos estrujamos durante el abrazo; nosotras somos así, súper demostrativas.

- Paulita, ¿cómo estás bella? - pregunta Flor, al separarnos y esbozo una sonrisa nerviosa. Estoy atravesando todos los estados de ánimo, creo; extasiada, ansiosa, nerviosa, contenta… la definición exacta sería: pasada de revoluciones. Esto es culpa tuya; nuestro beso y nuestra "cita" de hoy a la noche me tienen así. Vos me tenés así.

- Bien, un poco cansada - agrego, para justificar mi extraño comportamiento, mientras la invito a pasar a la cocina. Flor asiente y camina junto a mi.

- Me imagino. ¿Gonza está mejor? - pregunta con delicadeza y el estado de mi hermano me sirve como coartada para cualquier estado emocional que me aqueje. Suspiro, pero luego esbozo una sonrisa auténtica mientras me apoyo contra la mesada.

- Mucho mejor, ya está fuera de Cuidados Intensivos - y siento que Flor vuelve a abrazarme y me permito exhalar; la noticia la recibimos con mamá, por la madrugada, mientras nos deleitábamos con el asqueroso café del hospital y jugábamos al sudoku. La felicidad que nos invadió al enterarnos (el médico en persona se encargó de notificarnos) es indescriptible con palabras; incredulidad, alivio, risas,  abrazos, llanto. y cuando llegaron papá y Delfi y pasamos a la habitación para ver a Gonza terminaron de acomodarse todas las piezas del rompecabezas; se ordeno el caos y sentí que éramos una familia otra vez, que compartir el mismo sentimiento nos unía, que todo volvía a ser como antes. Que ya no estábamos más separados, que no nos divorciamos como familia. Ahora, pensando en frío y dejando mis ilusiones y caprichos de lado, entiendo que las cosas no van a ser exactamente como antes. Y que lo diferente no tiene que ser necesariamente malo. 

Aflojo mis brazos y ella se aleja, aún sonriendo. Me estiro y paso el agua caliente de al pava eléctrica al termo de acero inoxidable y saco las Oreo de la alacena. Quería las Toddy, pero no las encuentro por ningún lado y no pienso traicionarlas con las Pepito; es más, sospecho que Pepito tiene algo que ver con la desaparición de las otras.

Flor se hace cargo de los mates (es la cebadora oficial) y me ubico en una de las sillas contiguas a la de ella. Reprimo un bostezo; si bien ayer dormí después de días de insomnio, las horas de sueño claramente no me alcanzan. Calculo 72 horas en total, para reponerme.

Que haya podido conciliar el sueño no es un detalle menor. Supongo que tiene que ver con la resolución de dos temas: mi hermano y vos. Así que admito lo que todos saben, menos vos y yo (si, también reconozco que somos los seres más idiotas del planeta). Admito que sos desencadenante de mis emociones (amorosas, entre otras). Que no sos intrascendente… 

Entre cebada y cebada, Flor me pone al día de lo que pasó en el mundo exterior; se ve que mientras estuve entre blancos y butacas de hospital pasaron varias cosas (eso me recuerda que tengo que llamar a mi productora con urgencia). Me cuenta del campeonato de play que organizaron los chicos, de Hernán y su obsesión por Portugal (averiguo que tu predilecto es Bélgica) y de los intentos fracasados de Pipeta por levantarse a Zai. Y todo es risas hasta que inevitablemente Florencia la nombra y mi expresión cambia totalmente.

- Y bueno, después Chechu, que esta obstinada en levantarse a Pepe - y enarco mis cejas, solo para disimular, porque esto no es novedad. Flor carcajea levemente, pero a mi no me causa gracia y mis comisuras se encuentran reticentes a sonreír. Fuck.

Ahora que abiertamente me permito no bancarla (porque admití que te quiero y que me importas) su agudo tono de voz me parece más insoportable que antes, sus comentarios aún más descolgados y sus derrapes, imperdonables. No me olvido que coqueteó con Facundo ni bien tuvo la oportunidad ("nada que ver" según ella, pero su discurso fue poco creíble), como tampoco me olvido de su encuentro del tercer tipo con vos en Gesell, que luego repitió en año nuevo y hace un par de semanas (y Chechu si sabía que vos eras mí chico en Gesell). Con todas mis fuerzas contengo un resoplido.

Lo de Facundo, no me importo porque justamente era Facundo… pero vos sos vos. Incluso, cuando leo sus tweets, siento inmensas ganas de sopapearla y de hacer catarsis clavándole un unfollow. Pero yo supuestamente no te banco (para el ojo ajeno), no somos nada y si no reclame cosas del pasado en su momento... No da revolver. Así que me quedo con mi muda desconfianza y el respeto por la amistad sincera que alguna vez tuvimos. Miro hacia abajo automáticamente; alguna vez me dijeron que mis ojos me delatan y o que menos necesito en este momento es someterme a un interrogatorio.

- Ah, ¿sigue con eso?- pregunto restándole importancia mientras examino la crema de la oreo que tengo en mi mano. Flor revolea los ojos; no sé si porque no me cree nada o por la obviedad que estoy preguntando. Chechu nunca para hasta conseguir lo que quiere... debería saberlo a esta altura. Sin embargo, ¿no es eso lo que estoy haciendo yo con vos? ¿Jugármela hasta el fondo? De una manera mucho más ingenua e inocente, claro.

- Sí, viste como es - y asiento con la cabeza. Lamentablemente, si se como es...  (mastico lentamente la galletita, para no tener que hacer acotaciones)- Igual, me parece que él no le es indiferente.

¿Cómo, cómo, cómo?

- ¿En serio? - pregunto consternada y la castaña acomoda la bombilla en el mate. Nunca le había dado demasiada importancia, porque siempre supuse que Chechu era una más. Este dato me toma por sorpresa y temo delatarme - Digo, es medio difícil saber que le pasa a Peter. Siempre con esa cara de nada...

Antipático, mudito, cara de nada… Solía pensar que tenías una expresión chata y aburrida; hoy pienso que tu misterio es uno de tus mayores atributos, junto a tu humor. Solo hay que saber leerte.

- ¡Qué mala! - exclama Florencia y se que mi comentario fue exactamente el esperado por mi amiga. Era costumbre meter bocadillos de ese tipo - Para mí sí, que se yo... Chechu no dijo mucho, pero yo los vi muy juntitos en el cumple de Pipeta... 

Yo también. Tomo otra galletita, aunque lo único que hago es pasarla entre mis dedos, causando que se desmigaje de a poco.

- ¿Pero pasó algo? - inquiero, desesperada. Saberlo se convirtió en una necesidad más que en una curiosidad, y eso ya es un problema. Se suponía que no era tan difícil empezar una historia sin dramas. 

Flor hace una mueca que no me gusta y juego a adivinar los posibles desenlaces del relato. En mi mente resuenan las palabras "gato", "sin códigos", "mala amiga", "tarado", "chueco", "forro", entre otras. Ningún adjetivo positivo, en resumen.

Me apodero del mate y la miro a los ojos., por tercera vez en la tarde. No creo que me guste la respuesta.

- ¡Seguro! Chu estaba convencida que esa noche se le daba... Y no sería muy loco, si ya estuvieron alguna vez...

Gesell, año nuevo, el balcón en el cumple doble…En realidad, de este último no estoy cien por ciento segura, pero debería darlo por hecho según el relato de Flor. Idiota, idiota, idiota.

De repente no puedo dejar de pensar si lo que yo presencie, fueron solo un par de todas las veces que estuvieron juntos. Porque si se dan, si estuvieron "alguna vez", tranquilamente estuvieron dos. Perseguida mode on.

Carraspeo, sin saber que hacer con mi molestia ¡Que linda previa antes de nuestra cena!

- Ahh - murmuro y agrego una risa falsa, que es lo único que consigo esbozar, porque por dentro me siento en un transitorio knock out.

- Malísimo igual, porque Pedro me gustaba para vos - asegura y me guiña un ojo y siento ganas de revolear el mate, las oreo y a mi amiga por la ventana. Me muerdo el labio, negando con la cabeza, cuando lo que más deseo es asentir. Porque yo también apuesto a nosotros.

Entonces, cambio de tema rápidamente, porque no sé cuanto más puedo sostener mi postura de "antiPedro" y la idea de Chechu y vos juntos. Cuando llegamos a la última galletita, creo que la azúcar me alegro un poco y estoy más tranquila. Flor me avisa que tiene que irse para terminar un laburo para Avon y el saludo es tan efusivo como cuando llego.

Pero cuando cierro la puerta, no necesito actuar para nadie y me doy cuenta que retrasar lo inevitable es una perdida de tiempo y esfuerzos. Me dejo caer pesadamente en el sofá que herede de mi abuela. Reflexiono, protegida en el sillón perfectamente cuidado y rodeado con almohadones de encaje, e intento desdramatizar la situación. Todos tenemos ex, muertos en el placard, pretendientes… asignaturas pendientes. Y no puede ni debe afectarme tanto, pero me afecta. Y me molesta.

La idea de que Chechu no te sea indiferente me carcome... ¡Pero qué sabe Florencia! (Y cuando me acuerdo que fue ella la que insistió en la idea de nosotros dos juntos antes de olvidarla por cansancio, reconozco que Flor sabe).

Y en medio de este torbellino de sentimientos, me doy cuenta. Cecilia y yo no somos iguales. La comparación es tonta y errada; porque para mí no sos ni un capricho ni un juego; esa es una idea de la que intenté convencerme cuando no podía manejar más lo que me pasaba con vos y estaba lejos de admitir que me gustabas de verdad. Pero lo mío con vos no es pasajero...

Suspiro y recuesto mi nuca contra el respaldo. Dimensionar mis sentimientos me da miedo… digamos que soy una persona que le gusta planificar y medir el futuro. Ahora me estoy dando cuenta de que hay cosas que se escapan de mi, pero lo irónico y paradójico de esto, es que pensar en vos como el Pedro de ayer...me calma; bajo el brillo de las estrellas, no se puede mentir. Y lo que tus ojos me dijeron en ese momento, nada tenia que ver con Chechu, con fantasmas del pasado o suposiciones del presente. 

El instinto versus la razón... y unas ganas de no pensar más (porque es volver a lo mismo y volver a lo mismo es al pedo).

Así que me levanto del sillón, me alisto con una sonrisa (la ciclotimia personificada) y me dejo fluir. Me pruebo mil vestuarios antes de quedarme con unas calzas gamuzadas, mis botas favoritas y un montgomery ideal para el frío. La ansiedad me quema pero no dejo que me controle. Hoy los factores externos no tienen que influir. 

Pongo Madonna a todo lo que da y bailo al ritmo de la música, creyéndome la más diosa, aunque este con mi pijama. Porque hoy todo se trata de eso; de seguridad en mí misma... y de nosotros dos. 





¡Disfrutenlo!

Me lo dedico a mi, porque soy una Paula cualquiera.




martes, 17 de julio de 2012

VII.


Vos y las estrellas.

Parte 2.



- Dale Pau, acostate - pedís y mi dolor corporal me obliga a meditar antes de sentarme a tu lado - ¿Esto es muy rústico para vos?

- Para mis extremidades doloridas si - contesto y reís. Te mereces un insulto por insinuar que soy demasiado delicada para esto, pero hoy estoy con ganas de ceder. Murmurás un "flojita" y te golpeó en las costillas levemente una vez que estoy sentada. Y cuando me acuesto, verdaderamente comprendo tu afán por venir acá.

El cielo de un intenso azul esta perfectamente decorado con estrellas, que arbitrariamente ubicadas recorren su totalidad. Algunas centelleando con mayor intensidad, otras con menos, pero formando una imagen que retiene la respiración por su belleza. Pestañeo, una y otra vez; hace mucho que no presto atención al cielo. eso me hace dar cuenta lo ocupada que estuve todo este tiempo que ni siquiera tuve un minuto para mirar hacia arriba y poner la mente en blanco.

Me acerco a tu hombro, para reposar mi cabeza allí y poder observar más cómoda la imagen que decidiste regalarme. Que sepas exactamente lo que me hace falta es curiosamente regocijante. Te tomás la libertad de depositar un beso en mi coronilla y el silencio es un participe más de esta noche hermosa. Pero no de una manera incómoda. sino exactamente necesaria.



Flashback
27 de Septiembre de 2011,  
Olivos.
Las miradas van y vienen, las palabras nunca llegan. Nadie dice nada y lo que nunca decimos o no nos animamos a decir, muere en nuestras bocas. Ni siquiera tenemos ganas de un insulto o una tomada de pelo; ni lo que encontrábamos falsamente satisfactorio en humillaciones o peleas alcanza. Creo que implícitamente acordamos un alto al fuego o simplemente nos aburrimos de nosotros mismos o de la idea de los dos haciendo algo. Sin embargo, aún haciendo nada la situación no progresa; el silencio es incómodo y eterno.
Mis zapatillas converse apenas acarician el suelo y camino con gracilidad. Vos, estas un metro atrás de mi sombra, lo que evidencia que vamos a un ritmo completamente diferente; en la vida, pero sin hablar metafóricamente, en la caminata. Te llevo 10 pasos de distancia y cada tanto tengo que detenerme para no alejarnos demasiado. 
No entiendo esa obstinación que tiene Florencia en juntarnos cada vez que puede y quiere. Vos y yo simplemente no congeniamos y ahora ni siquiera para detestarnos. Resoplo.
- ¿Podés caminar más rápido Pedro? - pregunto intentando utilizar el tono más neutral que logro reproducir y me fulminás con la mirada. Llevás dos bolsas de carbón en las manos, pero yo tengo la del hielo. Y sos hombre.
- No - y te miro con desaprobación, pero no tengo ganas de pelear y el silencio pegajoso e intenso, vuelve a materializarse entre nosotros. 
No entiendo como alguna vez, se me cruzo por la cabeza la posibilidad de estar con vos sobria y puertas afuera de un boliche; no hay química, no hay física, no hay nada. Solo dos entes, caminando por obligación y a destiempo. 
Polos opuestos irreconciliables, sin magnetismo ni ley de atracción que valga para que podamos congeniar, al menos en lo social.
Ignoro tu lentitud y tu presencia y avanzo, olvidándome que sos mi compañero de compras y que te voy a dejar muy atrás. Pero no pestañeo más de dos veces; mejor sola que mal acompañada.
Fin flashback.




- ¿No te parece raro estar así? - pregunto con curiosidad; verdaderamente ansío saber tu respuesta. La mayoría de mis recuerdos con vos no son merecedores de ser recordados. Y los que sí, bueno... son muy pocos si consideramos que nos conocemos hace 4 años. Inhalás lentamente.

- ¿Así cómo? - contestás y me muerdo el labio. Me molesta de sobremanera que me contesten con una pregunta. Reacomodo las ideas en mi cabeza, intentando ser más clara y me tomo unos minutos antes de responderte.

- Sin que el silencio sea raro… que sea cómodo entre nosotros - agrego, luego de buscar las palabras que más fielmente me parecieron que representaban a mis sentimientos.

Generalmente lo nuestro no es hablar, pero aparentemente sin prejuicios y apariencias se nos da bien. Pestañeo y una estrella a mi izquierda tintinea incandescentemente, logrando llamar mí atención. 

- Sí. pero me da mucha paz - decís y volvés a acariciar mi pelo castaño dulcemente. Decido no agregar nada y dejar fluir este momento de manera natural; a veces las palabras simplemente sobran.

Paz. eso es lo que siento cuando estamos juntos. Paz con todos y conmigo misma (y creeme que este apartado es el más difícil de conseguir). Me cuesta tanto desconectarme de mis cosas, poner un freno y tomarme las cosas con clama; pero vos casi sin proponértelo me hacés olvidar de todo. 

No nos reconozco. Quizás siempre fuimos los mismos y nunca nos permitimos ser entre nosotros. Me siento idiota por haberme privado de esto tanto tiempo.

Reprimo un bostezo y caigo en la cuenta de que por primera vez en días experimento sueño y cansancio palpable. Me auto-obligo a mantenerme despierta, pero tus caricias sobre mi pelo no hacen más que incrementar el estado soporífero en el que estoy. 

- ¿En qué pensás Pau? - inquirís con voz suave y tu aliento choca contra mi pelo. Me estremezco levemente y vuelvo a la realidad.

- En lo mal que nos llevábamos. - empiezo y vos sonreís. Supongo que mirar atrás y recordarnos es gracioso... Pero es su momento no lo fue - No entiendo como se dio un cambio tan radical.

- Emmm en realidad - haces una pausa- creo que nos atacábamos por miedo a no poder controlar lo que nos pasaba. - contestás - y nos agarrábamos de cualquier excusa para llevarnos peor. Ahora las cosas son distintas.

¿Ah nos pasaba algo? Confirmar que tus sentimientos no eran puras suposiciones y deseos míos es satisfactorio. Ni siquiera atino a reprimir una sonrisa.

- ¿Así que no pensabas que era una modelo superficial y hueca? - inquiero enarcando una ceja. Nunca me lo dijiste directamente... Pero lo diste a entender (obvio para molestarme).

- Chueca sí, hueca no - y sonreímos a la par.

"Ahora las cosas son distintas" y saboreo lo frase antes de remitirme a ella para mi pregunta.

- ¿Y por qué es distinto ahora?

- Porque ya no puedo hacerme más el boludo... y estoy listo para hacerme cargo de lo que me pasa.

De repente, no siento el frío, ni el viento, ni el correr del tiempo. Menos me importa estar violando propiedad privada y que es probable que haya cámaras de seguridad por algún lado. Tus ojos marrones carcomen mis verdes, enfatizando cada una de las palabras que dijiste. Recupero el aliento que perdí (que me robaste, en realidad) y acomodo un mechón tras mi oreja.

- ¿Y que pensás hacer al respecto? - pregunto y sonreís de costado. Fue muy cobarde mi salida, pero es lo único que puedo modular. Que te la juegues por mi es tan inesperado y descolocante que me eriza la piel y me paraliza.

- Invitarte a salir - simplificas y es lo más normal del mundo, pero me cuesta asimilar la idea. Sin embargo... me encanta.

- ¿Esto no cuenta como salida entonces? - inquiero y miro fugazmente a las estrellas.

- No… o sí. Tomalo como la primera parte - y confirmar que esto no es una devolución de favores por haberte escuchado en el jardín hacedos años y meses, me produce una mezcla de alivio, alegría y adrenalina - Todavía falta la mejor parte. 

-Gracias por esto. Apareciste en el momento justo - modulo con los ojos brillosos al tiempo que estiro mi cabeza para poder observarte por completo - Me asuste de verdad con lo de Gonza.

- Lo sé... - y rodeás mis hombros con tu brazo izquierdo. Dejo caer un suspiro.

- Y para mí que estés acá conmigo es más importante que cualquier salida - inspiro antes de morderme el labio una vez más y me pierdo en tus ojos - Me diste la paz que necesitaba.

Tu mirada brilla y me doy cuenta que vos y las estrellas, son la receta justa que estoy necesitando. Para ser feliz, para encontrarme. Para descarrilarme un poco y empezar mi propia vía.

- Siempre podés contar conmigo. Te quiero Pau - murmurás y pierdo el registro de mis latidos, por lo rápido que es su ritmo. Oculto mi rostro en tu pecho porque se que mis mejillas probablemente adquirieron un tono carmesí - Y me alegro mucho que te sientas más tranquila. Era la idea.

¡Yo también te quiero! Pero la frase se queda atascada por algún lugar en mi garganta y me odio por eso.

- Todavía no me dijiste a dónde me ibas a invitar - agrego, abandonando mi postura en el piso. Me siento y vuelvo a mirarte.

- Cena para dos... - y te sentás junto a mí - el lugar... Es sorpresa.

-¿Me lo hacés a propósito no? - me quejo, porque sabes que la ansiedad es algo que me supera y que tengo un amor-odio con las sorpresas. Carcajeás - Me encanta la idea - y me acerco lentamente hasta que quedamos a una medida tan corta que es incalculable - Peter.

Reís y se que es mi momento. Y que como soy yo, mis momentos se arruinan; por eso empieza a sonar mi celular estruendosamente, rompiendo el clima y nuestra cercanía. Puteo y no con un tono bajo de voz.

- Papa - murmuro al atender y me encuentro con mi viejo preocupado por mi, porque supuestamente salía a dar una vuelta y pasaron 3 horas y yo todavía no volví ni di señales de vida ¡Buena Pau!

Me despido de Miguel, luego de pedir perdón por mi desaparición no anunciada y prometo volver pronto al hospital; mi mamá quedaría sola allá de otra manera. Me niego absolutamente a la idea.

Te miro con una mueca y vos con la mirada, me pedís que me despreocupe. Acaricio tu rostro por inercia y vos me tomás la mano como señal para que nos levantemos. Odio que seas tan correcto.

- Pedro...

- No importa Pau en serio - me interrumpís y me muerdo el labio. No entendes nada, ¡lento!

- Te quiero - digo, ya sin ataduras, y disfruto cada segundo antes de chocar tus labios y darte ese beso que estamos esperando hace tanto.

Dulce, espontáneo y real.






Estoy cumplidora. Estos dos son DDL con chips y todos los agregados que quieran.

La recepción de este fic es.... no sé, inimaginable supongo. Sabía que era algo copado, pero nunca pensé que iba a gustar tanto. Gracias (:

Que lluevan Pedros aéreos.


PD: Cande, la segunda parte que te debía (:





lunes, 16 de julio de 2012

VII.


Vos y las estrellas.

Parte 1.



Las bajas temperaturas de invierno, que enfrían esta noche tranquila y silenciosa de domingo, me atacan desprevenida y congelan mis manos, nariz y pómulos. La brisa no es muy fuerte aunque estamos transitando por la costanera, lo cual hace el camino mucho más soportable.

Por quinta vez me ofrecés tu campera, probablemente por la manera en la que estoy temblando, culpa del frío (que dejo de ser fresco hace rato). Debería haber agarrado el montgomery color camel que quedo en mi auto antes de irnos, pero estaba tan embalada con la idea que ni me acorde. Además estaba completamente engañada por la calefacción del hospital, que de tan fuerte resecó mis labios y mi piel.

Acepto tu último ofrecimiento tras soltar un bufido, solo porque amenazas con irnos de no tomar la campera. Eso es trampa.

Tu perfume (que se desprende de tu abrigo) rápidamente invade mi sistema respiratorio una vez que tu campera me cubre el tronco superior y un escalofrío eriza mi piel. Vos no te das cuenta, seguramente porque pasó desapercibido entre mis temblequeos. Te sonrío; aunque seas terco y pesado, me da ternura tu gesto.

La marea esta baja. No tengo la menor idea de a dónde estamos yendo; conozco la costanera, desde Olivos hasta San Isidro, porque la mayoría de mis recuerdos de cuando viví acá, es tomando mate en el río. Pero tu impetú por mantener la "sorpresa" me revela que el lugar al que vamos por alguna razón para vos es especial. Entonces, elijo creer que me llevas porque yo comparto esa cualidad (seamos realistas, puede ser casualidad también).

- El pucho te está matando eh - pronuncio luego de escuchar un concierto de toses saliendo de tu boca. Me regalás una media sonrisa y volvés a mirar al río, que está a nuestra izquierda.

- Probablemente... - bromeas y carcajeo levemente. El cigarrillo va a terminar matándonos a todos, empezando por el precio que vale un atado - Pero esta tos es por tener la garganta desabrigada - explicas y mis ojos se dirigen automáticamente a tu campera, que se encuentra sobre mis hombros. No hace falta aclarar lo culpable que me siento.

- Perdón - murmuró apenada y vos te rascás la nuca, porque eso último que dijiste no lo interprete como esperabas. Hago un ademán como para quitarme el abrigo y me fulminás con la mirada. Dejo caer ambos brazos a los costados.

- No tengo frío ahora - asegurás y enarco una ceja; la piel de gallina que recorre tus brazos te delata. Sin embargo no insisto, se que es en vano - ¡En serio! Igual, lo que me está matando es otra cosa…- hacés una pausa - Vos.

Nos miramos fijo por unos segundos, hasta que no aguanto más y estallo en risas. Vos, levemente sonrojado, reís en silencio.

- Ah bueno... ¿Desde cuándo sos tan directo sin un Fernet de por medio? - inquiero y rápidamente muerdo mis labios para controlarme (aún sigo tentada, perdón). Alejo mi vista de las baldosas y vuelvo a entrar en tus ojos café que me miran graciosos. 

- Sos mala eh - te quejás y mientras río me oculto en tu hombro derecho por unos segundos para luego volver a mi lugar y cortar el contacto. No soy mala es que vos… hablás limitadamente sobrio. En general, porque últimamente estás hablando mucho - Reconozco que fue malo.

- Pensé que eras mejor chamullero - agregó y me clavas tus ojos marrones. Un palito para vos… que no viene mal. Cecilia es la última prueba que me respalda.

- Con vos no me sale chamullar- soltás con sinceridad y cuando tenés este tipo de salidas, me enmudeces. Creo que sos de las únicas personas que pueden hacer eso.

O te pongo nervioso porque te descoloco, como vos a mí, o te anulo la imaginación de lo aburrida y hueca que te parezco. No serías el primero… pero generalmente es porque hablo mucho y casi no tengo paciencia (y por mis planes al estilo susanita que no encuadran con el resto del mundo… o de los hombres). Me muerdo el labio.

- Bueno, que se puede esperar de una persona que tiene Montaner como música de cabecera - contraataco nerviosa, porque tu rostro se acaba de endurecer como cuando hablas en serio. No estoy lista para hablar en serio todavía.

- No tengo a Monta - te interrumpís a vos mismo y achinás los ojos - Pará ¿como sabés eso?

- Soy muy observadora - me limito a contestar con un tono de misterio y haciéndome la interesante. Enarcas una ceja, algo reticente a creer mi floja excusa. Desvió mi mirada hacia las baldosas, al decidir que ellas merecen más tu atención que vos. Con ellas estoy segura.

- Buen dato.

Y mantengo mi vista fuera del alcance de tus ojos, porque no estoy emocionalmente estable para enfrentarme al "Pedro Endemoniado". Él suele surgir en situaciones de semi o total ebriedad tuya, en los que generalmente me encarás sin rodeos o me tratás como si fuera una modelito idiota. O hacés como si no existo, que prácticamente es lo mismo o peor.

Igual si escuchás Montaner supongo que sos un ser sensible y romántico. Esto lo sé porque en Villa Gesell (en Dixit más precisamente, boliche local), una vez en pedo, me cantaste "Me va a extrañar" con aullidos, un vaso de micrófono y un registro vocal infrahumano. Fue para cuando nuestros besos cada vez eran menos frecuentes (por no decir nulos) y yo empezaba a verme con Martín (chongo ocasional). A pesar de lo ridículo que te veías, me enterneciste con cada palabra. Probablemente las cosas ese verano hubieran terminado diferentes si no te hubieras metido con todas las chicas que podías desde ese momento.

Eramos tan pendejos, tan ignorantes. Tan… orgullosos.

Tomás mi mano para agilizar el paso y nos adentramos en un parador… que no es público. Frunzo el ceño pero no me suelto. Me sorprende que no haya seguridad custodiando estos lugares… asumo que a nadie más que a vos se le ocurre venir en invierno de noche al río.

Bajamos un par de escalones de madera y cruzamos un umbral, para encontrarnos con pasto e instalaciones preparadas para aquellos fanáticos de los deportes acuáticos. Más abajo, la luna se refleja en el agua amarronada del río, que apenas se distingue del negro.

- Pedro… 

- Paula - contestás sonriéndome y me olvido de mis inquietudes. Apretás mi mano - Ya llegamos, falta poco.

- Que bueno… porque no doy más - me quejó, siendo vocera de mis cuádriceps y rodillas que piden con fervor unos minutos de descanso. No soy muy fan del ejercicio que digamos... - Igual, como soy tan observadora te cuento que estamos en propiedad privada.

- Ya sé Pau. Es la idea - contestás como si fuera una obviedad y hacés esa media sonrisa burlona (la cual tengo ganas de borrartela con una trompada). Perdón 9 de área, bohemio y transgresor (como si entrar a un lugar cerrado fuera tan groso).

Arreglo mi pelo, despeinado por el viento y el contacto con tu mano, rasposa pero perfecta, me hace olvidar del frío, de la brisa y de mis problemas. Sos como mi respiro entre tanta falta de oxígeno, a pesar de tus burlas.

- Ah, y ¿querés corromperme? - pregunto desafiante y esbozo una sonrisa de costado. Para este tipo de indirectas no sos tan lento, porque te reís y me mirás con interés.

- Sólo un poco - agregás y te devuelvo la sonrisa. Mis mejillas adquieren un tono carmesí y vos me acariciás brevemente, al detener la caminata. Cierro los ojos al sentirte pero casi sin abrirlos, te tironeo para que sigamos. Ya no sé si es por hacerme desear o por que tengo miedo.

Me guías hasta una especie de deck que se encuentra cerrado con una baranda, luego de subir una escalera mediana (te odie), que funciona como mirador para poder observar con claridad todo lo que sucede en el agua. Te acostás sobre la madera, quedando frente a frente con las estrellas. Con un gesto me invitás a acompañarte y te miro dubitativa .




¡Hola! Como prometí, hago acto de presencia. Esta es la primera parte, si lo ponía entero iba a ser e ter no. La segunda va mañana tempranito (mediodía aprox jaja). Estoy buscando la receta para hacer Pedros como los de esta historia................ dsps les cuento si tuve éxito.


Que les lluevan Pedros entangados y delineados!


Cuak (es la hora... o no).

¡Beso!


PD: Candelis, es tuyo (pero completito, parte 1 y 2) (:

domingo, 15 de julio de 2012

VI.


A corazón abierto.

Nunca me gustaron los hospitales. Su blanco y su pulcritud demasiado perfecta siempre generaron el efecto contrario en mí; en vez de sentirme segura y calma, varios escalofríos recorren mi piel, estremeciendo cada parte. La uniformidad del establecimiento me hace doler la cabeza y me pone más nerviosa que de costumbre. La falta de anomalías… me desespera.

No sé de esperas. Esperar me desespera; digamos que es mi karma por ser tan ansiosa. Tamborileo mis dedos sobre el asiento perfectamente cuidado del Hospital Central de San Isidro, en esa sala de cuidados intensivos de 30 metros cuadrados.  Hace una semana y media que el hospital Central es mi segunda casa y este asiento, mi cama.

Suspiro por primera vez con verdadero alivio; Gonzalo esta presentando mejorías y los médicos aseguran que en un par de días podrán cambiarlo de habitación a un piso más abajo, donde esta la sala de cuidados comunes.

Bostezo y los ojos se me ponen brillosos. Desde que Gonza tuvo el accidente con el auto, pude acumular solo 48 horas de sueño y todas fueron por obligación (sin la pastilla para dormir no lo hubiera logrado). Aunque estoy cansada, mi cabeza no logra desconectarse un minuto; del hospital tienen que echarme por poco y cuando me tiro en la cama doy vueltas y vueltas hasta que se hace la hora de volver. Se que no tiene sentido, pero no puedo permitirme descansar cuando se que mi hermano esta luchando por salir adelante.

Ambos días que pude dormir, me desperté con pesadillas. Quizás eso también tenga que ver con mi insomnio prolongado; no las recuerdo con exactitud, pero la sensación al despertarme, sudada y con frío, fue tan espantosa que no hace falta saber cuál fue su contenido.

Mi papá se sienta con una sonrisa a mi lado y me ofrece un café caliente; lo acepto con una media sonrisa y el calor que emana es como una tibia caricia. Nos recostamos sobre ambos asientos y suspiro mientras las enfermeras, médicos y civiles transitan los pasillos sin cesar.

Evito mirar a los otros familiares de los pacientes; sus rostros demacrados y cansados, la tristeza en sus ojos, un optimismo aferrado a una esperanza tan subjetiva… las malas noticias. Las buenas están también, pero escasean en la zona de cuidados intensivos. Acá el tiempo pasa más lento; los días son eternos. La línea entre la vida y la muerte es más fina.

Reviso mi celular para distraerme, mientras tomo un sorbito de mi café expresso. No tiene gusto a nada, pero el calor recorre mi garganta produciendo una sensación sumamente placentera que llega hasta los dedos de mis pies. Soplo el vaso, para entibiarlo un poco mientras reviso mis sms. Los mensajes me producen sentimientos ambiguos; por una parte los detesto, porque me hacen sentir peor, pero por otro son los que me dan fuerzas para seguir adelante. Saber que no estoy sola me reconforta.


12-07-2012 08:40 PM
De: Capricho pendiente.
"Me entere por Flor lo que pasó con Gonza… sabés que tenés mi apoyo incondicional. Fuerzas y abrazos, te quiero."


Vos. Maldito marmolense desconsiderado.

Tu mensaje me cayó de sorpresa; no esperaba nada de parte tuyo. Si bien es verdad que nosotros estamos manteniendo una relación cordial, en definitiva no somos nada: ni amigos, ni pareja, ni simpatizantes. Somos algo… indescriptible; pero yo también te quiero.

Nunca me lo dijiste, pero te conozco y se que vos no hablás al pedo; que si lo dijiste lo sentís y ahora, después de desear que me lo digas (aunque nos llevemos peor que mal y te haya "odiado" y detestado), no se qué hacer con tu sinceridad. Me descoloca que me hables de sentimientos cuando estoy tan susceptible. En realidad, me descoloca que vos y yo hablemos de sentimientos.


Flashback
04 de Noviembre de 2009, Olivos.
El jardín de la casa de Flor en Olivos siempre huele a fresias y jazmines. Nori, la mamá de mi mejor amiga, es algo así como una fan de la jardinería; sus flores son como sus mascotas. "Una freak que le habla a las plantas" según Flor. Yo no puedo opinar; vivo hablando, hasta con los perros.
El sol se oculto hace rato y a pesar de que estamos casi en primavera, las noches son frías y ventosas. La película que estamos mirando es un bodrio, así que la mayoría se quedo dormido a la media hora de empezada. Eso, además del aburrimiento del film, tiene que ver con los días en vela que la mayoría paso en el hospital o haciéndote el aguante en tu casa. Despego mis ojos verdes de la pantalla y ahí es cuando te veo en el jardín, sentado en el banco de madera y envuelto en el humo del cigarrillo que estás fumando; me pregunto que tan incómodo y loco sería hacerte compañía. Tus ojos están perdidos en los verdes del jardín (que apenas se distinguen con la luz tenue del patio) y solo te movés para despojar al cigarrillo de la ceniza, así que  supongo que estás pensando en ella.
El entierro fue rápido y triste, según Flor. Yo no fuí; no me pareció que fuera lo correcto, dado que es un momento muy íntimo y ni siquiera la conocía y con vos… bueno. Te apoyé en silencio durante el tratamiento y murmuré algunas palabras de aliento en tu oído cuando nos cruzábamos; aún así siempre estaba pendiente del estado de tu mamá gracias a Flor y sus partes médicos que me daba obligada (recuerdo que me odio esos meses por ser tan pesada e insistente). Abandonamos nuestro mal trato sin necesidad de una charla previa e intente ayudarte cada vez que pude… pero ir al hospital me parecía invasivo y desubicado. Además nunca fui fan de los hospitales.
Me levanto por inercia y camino rápidamente a tu encuentro. No te pido permiso para sentarme, pero se que notaste mi presencia porque te hiciste a un lado para dejarme un lugar. La madera está fría y esbozo una mueca, vos te limitas a cambiar el aire de tus pulmones. Parpadeo.
- ¿Es aburridísima la película no? - preguntás mientras das otra pitada. Estrujo mis manos contra mi regazo, en una búsqueda desesperada de calor.
- Más que aburrida, es soporífera - corrijo y casi te robo una sonrisa. 
- La verdad, ni siquiera la estaba mirando - y mojás tu labios antes de seguir - No me puedo concentrar últimamente… con nada.
Y de repente, por única vez desde que te conozco, te entiendo. 
- Yo tampoco - confieso y me ofrecés un cigarrillo. Sonrío, justo lo estaba necesitando - Se que nuestra situación es muy diferente, pero desde que se separaron mis papás, me siento… desorientada -explico y no puedo creer la fluidez con la que salen mis palabras. Nunca le había dicho eso a nadie; es más, evito siempre que puedo hablar del tema. Supongo que en algún lugar tengo la esperanza de que mis papás vuelvan a juntarse.
Tu firmeza para mirarme a los ojos me intimida, así que bajo la mirada. Me arrepiento al instante de todo lo que dije, no sé como se me cruzo por la cabeza comparar la muerte de tu mamá con la separación de los míos. Carraspeas llamando mi atención.
- Es exactamente como me siento yo… además de triste - me decís y se me empañan los ojos - Mi mamá era todo para mí… y que ahora no esté…

Y la pausa que hacés no es casual. Aunque disimules que fue a propósito para inhalar el tabaco, se que te quebraste; ahora que te conozco un poquito más puedo darme cuenta de esos pequeños detalles. En el jardín todo parece mucho más claro y siento que por primera vez, nos estamos viendo. Que nuestros prejuicios y peleas no están y solo somos Pedro y Paula. Los de verdad; los que quizás, siendo ellos mismos todo el tiempo se llevarían mejor que bien.
- Yo me siento… como vacía - murmuro mientras prendo el cigarrillo con tu encendedor de River que funciona pésimo, dejame decirte . Más que un vacío lo que siento es un hueco que me duele, me hace sentir distinta y me hace añorar mil veces más mi estado anterior - Me siento al revés - y ese era el adjetivo perfecto para describirme en este momento.
- Yo… no puedo ni pensar - decís con la voz tomada y me muero de ganas de abrazarte, aunque no se si debería - La extraño mucho Pau - y cuando una lágrima comienza a recorrer tu mejilla la limpio con mi dedo índice suavemente. Creo que yo también estoy llorando, pero no puedo hacer más que verte a vos. 
No sé que decirte, así que dejo que mi cuerpo hable por mí; te abrazo con fuerza y descanso mi mentón en tu hombro, mientras vos hundís tu cabeza en mi pelo. Recorro con mis palmas tu espalda, con pequeños movimientos uniformes y siento tu pecho bajar y subir. Cada vez lo repetís más espaciado, así que supongo que mi abrazo esta funcionando.
Sentir tu respiración en mi cuello me estremece, pero lo que más extraño me parece es lo reconfortante que se siente. El frío viento impacta sobre mi cara, pero ya no lo siento como una molestia; solo te siento a vos. A tu contacto.
Estamos tan cómodos entrelazados que no creo que nos soltemos por lo pronto. De tanto hablar de sentirme al revés… creo que por fin desde que se separaron mis papás, me siento en eje. Siento que puedo pensar, tomar decisiones y elegir un camino. Me siento en casa.
- Gracias Pau - susurrás y no tenés que agradecerme de nada. Hasta me siento avergonzada por mis pésimos intentos por levantarte el ánimo hablando de mí (porque termine hablando de mí y en realidad el que tenía que ser consolado sos vos). No puedo evitar la sonrisa y caigo en la cuenta de que es la primera vez, que hablas tanto conmigo. Me permito suspirar.
 - De nada Pedro…sos una buena persona, un buen amigo y un buen hermano. Tu mamá está orgullosa… - murmuro con sinceridad. Se que probablemente te sorprendas pero me inclino más a que entendés que nuestro jueguito de idas y vueltas peleadoras es algo superficial - Y siempre va a estar acompañándote. Solo que desde otro lado.
Te siento sonreír a mi lado y reposo mi cabeza de costado sobre tu hombro sin despegarme de vos; primero porque no quiero y segundo porque no puedo mirarte a los ojos. Menos después de lo que te acabo de decir.
Me abrazás con dulzura y luego dejamos al silencio invadirnos por completo, al fin y al cabo, las palabras ya están de más. Y mientras las estrellas y la luna nos alumbran, ahí estamos; las rosas, las fresias y nosotros a corazón abierto.
Fin flashback.

Apoyo el café sobre una mesita cercana y me excuso con mi papá para retirarme; la rodilla izquierda comenzó a quejarse por mantenerme tanto tiempo sentada y una vuelta para eliminarte de mis pensamientos es vital.

Decido bajar las escaleras para movilizar mis rodillas y una vez abajo, te veo en la recepción. Tiene que ser una casualidad, un chiste de mal gusto, una alucinación mía. Es el café de hospital que me hace ver cosas que no son, Pedros Alfonsos que no están, camisas cuadrille que deberían ser lisas.

- Hola, vengo a visitar a un paciente… Gonzalo Chaves. Creo que está en cuidados intensivos - explicás a la recepcionista y la chica frunce el ceño. Debemos estar solo a un par de metros y desde acá puedo ver tu barba desprolijamente cortada. Carraspeas tímidamente, sos vos.

- A la unidad de cuidados intensivos solo pueden entrar familiares autorizados… ¿Sos de la familia? - pregunta la muchacha, siguiendo el protocolo del hospital y apenas despegando la vista de la computadora.

- No, pero en realidad vengo a ver - y mis oídos comienzan a zumbar en el momento que mis pies me acercan hacia el escritorio. Por inercia, claro, porque mi plan inicial era quedarme escuchando para confirmar lo que era obvio: que habías venido por mí. Te enmudecés al verme y me arrepiento por ser tan impulsiva. La joven detrás del escritorio no entiende absolutamente nada.

- ¿Pedro? - inquiero y luego me acuerdo mi aspecto zombie por no haber dormido por días, mi pelo despeinado, mi maquillaje inexistente, mi ropa deportiva (el horror). Tarada.

- Pau - murmurás y te tomé de sorpresa cuando debería haber sido al revés. Rascás tu nuca (estás nervioso).

- ¿Qué hacés acá? - pregunto y la recepcionista chista con impaciencia; claramente nuestra conversación la perturba. 

- Vine…. - comenzás y atisbo el principio de un "Eemm" - vine a verte a vos.

Y suponerlo y escucharlo salir de tu boca son cosas distintas. Porque si me descolocaba hablar de sentimientos por mensaje de texto, imaginate lo rara que me siento acá, frente a frente y con la chica que atiende el teléfono observando todo. Te tomo de la mano sin decir nada, más que esbozar una sonrisa de punta a punta, que se plasma en mis labios por arte de magia, y te llevo a un sector de sillones unos metros a la izquierda.

Una vez allí, nos sentamos y supongo que debería decirte algo, porque me corresponde. Carraspeo nerviosa (vos no me ayudas, no me sacas los ojos de encima).

- Gracias por venir - murmuró una vez que mi voz logra salir de mi garganta y asentís a medida que hablo - Perdoname por lo de recién, es que no esperaba verte acá.

- Perdón si te incomodé - interrumpís con una mueca y negó con mi cabeza, para que sepas que tu visita no me incomoda. Solo me descoloca. Descubro que tus ojos no son solo café, a la luz, el borde que rodea el iris es más claro - No me preguntes por qué, pero sentí que tenía que venir.

Cierro los ojos, para darte a entender que entiendo de qué me estás hablando. Eso mismo sentí el día que me senté con vos en el banquillo de madera del jardín de la casa de Flor. Me siento más cerca de la punta del sofá para cortar un poco las distancias que nos separan y vos sonreís.

- Me hace bien verte acá - digo sin pensar y tampoco me detengo a pensar en las consecuencias - la monotonía de este hospital me mata.

- Si querés, puedo llevarte a un lugar - y tu mirada me dice que tenías planeado esto desde que entraste a la recepción. Enarco una ceja - digo, para que te despejes un poco.

La idea no era mala, la compañía tampoco… y mi mente pedía a gritos un descanso del blanco, del silencio gutural y de los enfermos. Me muerdo el labio y sonrió al mismo tiempo, formando una mueca extraña.

- ¿Y dónde sería eso? - pregunto, intrigada.

- Sorpresa - decís haciéndote el interesante. Te fulmino con la mirada; odio las sorpresas y no quiero alejarme demasiado del hospital - No es muy lejos, no te preocupes - Sonrió.

Y que sepas exactamente que se me estaba pasando por la cabeza termina de seducirme para aceptar la idea. Me levanto, te tomo de la mano y te invito a dejar el hospital por un rato… y ser por unas horas solo Pedro y Paula.






Este capítulo es de mis favoritos y es uno  de los que se ve lo más autentico de los dos. Disfrutenlo, amen a Pedro y rompan la rutina y hagan algo loco este domingo.

Besos y que les lluevan twitt saludos de PP. 


PD: GONZA VIVEEEE jaj.

viernes, 13 de julio de 2012

V.


Buscando latidos.

Hay tres cosas en la vida que pueden tranquilizarme por completo: las caricias de mi mamá sobre mi pelo, sincronizadas, dulces y perfectas; los mates con mis amigas, entre charlas y risas; y escuchar los latidos de mis seres queridos. Como a algunas personas les sucede con los perfumes, a mi me pasa con los latidos del corazón. Cuando era chica me pasaba minutos y minutos sobre el pecho de mi papá solo escuchando… y poco a poco mis pulsaciones disminuían cuando estaba nerviosa, ansiosa o asustada.

Según las situaciones a las que nos vemos expuestos, nuestro corazón bombea la sangre con diferentes grados de intensidad. Y aprender a escuchar no es difícil… lo difícil es escuchar en un mundo con tantos ruidos y distracciones. 

El ritmo de tus latidos es claro y espaciado; transmite tranquilidad... Y paz. Lo escuche pocas veces (una o dos), pero no hace falta ser cardiólogo para saber que eso es físicamente extraño para todo lo que fumas. Pero supongamos que no.
Flashback.
17 de enero de 2008, Villa Gesell (Parador Maori).
Playa, gente y estrellas. La combinación perfecta para una noche tan calurosa, que hubiera sido insoportable adentro de un boliche pero que se embellece al aire libre por el refrescante viento que corre. 
Rechazo el alcohol que Pey me ofrece y casi ofendido se pierde entre la gente para seguir bailando y algo más. Hace un día y medio que decidí hacer una desintoxicación de todo el aparato digestivo y para eso, lo único que estoy consumiendo es uva y agua, por el consejo de una amiga (se supone que la uva tiene propiedades sanadoras y no se qué). Quiero que se sepa que pienso quebrar la dieta y engañar a la uva y comerme un pancho con papás pay ni bien volvamos al departamento. O ni bien nos vayamos de la fiesta.
"Perreo intenso" moviliza con su ritmo de reggaeton hasta al más estático y por poco desarma los baffles de los parlantes por la intensidad con la que sale la música de los mismos. Me balanceo al ritmo de la música, mientras con mis ojos te busco disimuladamente.
Buscarte en esta fiesta es como encontrar "dónde está Wally"; la gente amontonada, ebria y entremezclada entre sí no le da importancia a nada más que a divertirse.
Un idiota con camisa desabotonada (casi por completo) me guiña un ojo a unos metros de distancia (cerca de la barra improvisada en diagonal) y me hace señas para que vaya hacia él. Antisexy.
Rápidamente, entiende que no pienso moverme hasta su lugar así que se acerca hacia mí, con aires de superado y una media sonrisa. Enarco una ceja.
- ¿Qué hacemos? Volá de acá flaco - decís seriamente una vez que el castaño guiñador de ojos y yo estamos frente a frente y no sé de dónde saliste. Frunzo el ceño - En serio... Anda.
- Que mala onda eh, nada más quería sacarla a bailar - "nada más": risas, muchas. Asentís sin darle importancia a lo que te explica y reprimo una sonrisa - Nos vemos linda - agrega antes de irse. Carraspeo sin sacarte los ojos de encima, tan así que ni sé a dónde se fue mi nuevo "amigo". Tu cara de molestia es demasiado evidente y se me escapa una sonrisa de satisfacción. No sabía que tenías algún tipo de derecho sobre mí...
- ¿Por qué lo echaste? - pregunto haciéndome la tonta y dejando entrever que quizás quería que se quede (te lo merecés por hacerte el desmemoriado de lo que pasó en Pueblo Límite). Permanecés inmóvil mirándome y tu ciclotimia cuando estas borracho es alarmante. Suspiro.
- Vení te quiero mostrar algo - modulás (las últimas palabras con algo de dificultad) y yo no llego a darte una respuesta que tironeás de mi mano para que te siga. 
Atravesamos un montículo de arena que no merece llamarse medano por su baja estatura (aún así te cuesta caminar derecho por el mismo) y finalmente llegamos al límite entre arena y mar. Todavía puede escucharse fuertemente la música... Pero ahora el silbido del viento cobra presencia en nuestros oídos. 
- ¿Para qué me trajiste acá Pedro? - inquiero curiosa. Vos te rascás la parte anterior a la oreja y me soltás la mano (curioso detalle que aún las entrelazábamos y no me había dado cuenta).
- Te quiero... - y me olvido de cómo respirar. Intento leer tus ojos café, pero por momentos, te distraés con cualquier cosa y más confundida quedo. Porque no podés quererme... Si nosotros casi casi nos odiamos ¿o no? Un beso no cambia nada -Te quiero mostrar algo - finalizás y vuelvo a caer en la dura realidad. De atolondrada y ansiosa que soy, no me había dado cuenta que gracias que podes hilar dos palabras con la cantidad de Fernet que tenés encima. Viva yo.
Qué alivio... ¿Alivio?
Me señalas la orilla con una sonrisa (¿ya dije que me encanta tu sonrisa?) Y te miro, desentendida.
- ¿Viste la espuma que hace cuando llega el agua? - decís como si fuera el dato más interesante del mundo y te miro escéptica - Como el Fernet cuando le ponés Coca - agregás y carcajeo fuertemente. Debería estar registrando todo esto.
- Qué lindo... Che ¿Y para esto me espantaste a un pretendiente? - desafío con interés y esbozás una mueca que no terminas de realizar. Pareces ofuscado y empiezo a sospechar que este jueguito del borracho es más fingido que real - ¿No será que querías quedarte solo conmigo?
- Te extrañé Pau - murmurás clavando tus ojos con los míos y relativamente cerca. Esa capacidad tuya de descolocarme tan repentinamente no me está gustando. 
- No me chamulles Pedro - musito molesta y esta leve agresividad como mecanismo de defensa empieza a jugarme en contra. No quiero alejarte - Yo no soy una mina cualquiera que podés inventarle un cuentito y se lo va a creer.
- No sos cualquiera - murmurás y solo me limito a observarte. Pestañeás - Escuchá - y volvés adueñarte de mi mano izquierda y la acomodás sobre tu pecho. Sentir más que escuchar... Pero todo vale.
No estoy prestando mucha atención a tus latidos, porque nuestras miradas se encuentran, entrecruzan y conectan. Pero los presiento claros, casi táctiles y poco espaciados entre cada uno. Un escalofrío recorre mi columna cervical. 
- Sos la más linda - agregás y saco mi mano de tu pecho con rapidez. Apuesto cualquier cosa que me estoy sonrojando, pero por la oscuridad y tu estado medio de consciencia no creo que lo notes.
- Pensé que la más linda era Julieta - digo con leve irritación (en referencia a una conocida de Pey que supuestamente era la más linda de todo Adrogué y está muerta con vos) y no sé por qué estoy empecinada en arruinar momentos. Permanecés impasible y poco afectado por lo que acabo de decirte. Pau 1 - Julieta 0.
- La más linda sos vos - me contradecís con seguridad y me permito regalarte una sonrisa.
- Mejor así Peter - anuncio y me tomás de la cintura un poco a lo bruto (de vez en cuando, algo de salvaje es divertido) pero con firmeza. Rodeo con mis brazos tu cuello y siento tu respiración cada vez más cerca. Y te atrevés a besarme y tus labios saben igual que anteayer; a esa mezcla inconfundible de menta con Branca y puchos.
Y agradezco que lo hagas.
Fin flashback.


Las agujas del reloj me hacen acordar a tus latidos (el sonido que emanan, claro está). Exactos, pausados, perfectamente sincronizados. Se me escapa un suspiro por la especie de flashback que acabo de revivir y me agradezco a mí misma por cortar esa avalancha de recuerdos en el momento justo (obvie lo que paso días después en Gesell, nuestra indiferencia, malentendidos nunca aclarados, Chechu, Facundo, terceros irrelevantes). Bah, terceros… para que sean tres primero tienen que ser dos y nosotros… mejor dejémoslo ahí.

"¿Cuándo va a ser el día que podamos hablar bien? / No sé ojalá sea pronto"

Ese fragmento de nuestro último diálogo se repite en mi cabeza y me pregunto cuándo es pronto, porque mi nivel de ansiedad no permite otra cosa que exactitudes. Y sí, ya no me gasto en negar lo innegable; supere esa etapa, tanto como la de furia desmedida, y ahora estoy negociando conmigo misma. Asimilando que me importás más de lo que debería, pero que el deber no es siempre lo que es.

Odio la filosofía así que me quedo con lo único que tengo claro en este mar de sentimientos encontrados: me encantás. Me desarmás con tu sonrisa, con tu mirada e incluso con tus "emmmmm" (aunque parezcas tonto por tantas veces que lo repetís). Con tus rascadas en el cuello y tus camisas cuadrille.

Antes, mas o menos para cuando te hacías el bohemio porque estudiabas Producción en TEA Imagen y tu noviecita del momento Cine en el IUNA, hacía la mímica de tus diálogos, exagerando los "emms" y las rascadas en el cuello. Me odiabas y te odie (y te lo merecías por cargarme con Racing y la promoción todo ese año).

"Del amor al odio hay un solo paso" dijo alguien alguna vez, sin dimensionar la gran verdad que puso a la luz para los años siguientes. Pero ¿alguna vez lo nuestro fue odio?No sinceramente. Amor tampoco…  aunque lo que sí, tenemos una conexión muy fuerte más allá de la evidente atracción física. Y cuentas pendientes. Varias.

Arremango mi campera color verde militar mientras intento prepararme un café instantáneo Dolka en la mesada de la cocina. Mi desafío es intentar que quede espumoso como los que sirven en los bares y cafés, pero bato y bato y no consigo más que una molestia en la muñeca y que el contenido esté igual que al principio. Como me aburrí de batir (y claramente soy una inútil en esto), dejo mi Maru Botana interna de lado y vierto el agua caliente en la taza; lo convencional nunca falla.

El teléfono irrumpe mi momento de soledad, con su estruendosa melodía, y enarco una ceja al ver en la pantalla el nombre de mi hermana. Digamos que el sábado (luego de que me ruegue, me perjure, me soborne y me prometa) accedí a cubrirla para que pudiera salir a una fiesta aunque estuviera castigada; la coartada: noche de hermanas. La cuestión es que mamá se terminó enterando por culpa de Delfina y caímos las dos (a mi con mis 24 años ya no puede castigarme con nada pero el sermón me lo comí igual). Aún estaba un poco molesta.

- ¡Pepi! - saludo al decidir que ya es tiempo de perdonar a mi hermana por su pequeño error. A mamá ya se le iba a pasar.

- Pochi… - y escuchar la voz dulce de mi vieja me desorienta, por completo. Y no me hace falta escuchar sus latidos para darme cuenta que algo extraño está pasando.

- Ma ¿por qué me llamás desde el celular de la Pepona? - inquiero con tranquilidad.

- Es que el mío se quedo sin batería - explica y exhalar me descomprime el pecho momentáneamente. Escucho a Alejandra tomar una bocanada de aire, en medio del silencio - Hija, Gonza… tuvo un accidente con el auto, está… delicado - mis dedos se entumecen y el celular no se cae porque esta encerrado en la palma de mi mano - Estamos en el hospital con Delfi - hace un pausa esperando una reacción mía que nunca llega y luego continúa - Papá te va a pasar a buscar para que no tengas que manejar hasta acá mi amor. 

Y a mi cerebro le cuesta asimilar lo que mi mamá está diciendo, porque inconscientemente no lo quiero creer. Trato de buscar el error, la falla, algún indicio que me diga que entendí mal, que esto es un sueño o que mi mamá está confundida. Pero su tono triste y quebrado para hablarme, ocultado por una entereza que en este momento no es capaz de fingir, se me ríe en la cara y me dice que Alejandra no miente. Que los latidos de mi hermano están contados. Que no se cuántos le quedan.

No sé cuando las lágrimas comienzan a resbalarse por mis mejillas, pero cuando me doy cuenta noto mis pómulos húmedos. Hipo un poco y mi mamá respeta este momento que necesito para asimilar las cosas; a veces en silencio nos entendemos mejor. Me siento en el piso antes de caerme, luego de cortar el teléfono, y dejo salir todas esas lágrimas que retuve para no hacer sentir peor a mamá. 

Me ovillo en el piso de madera  y me acurruco entre mis rodillas; siento tantas cosas que me pesa el cuerpo. Los recuerdos con mi hermano no tardan en llegar, sus risas, sus consejos, nuestras peleas, nuestros veranos en Pinamar, las caminatas al colegio… Tantas imágenes en mi cabeza me marean y siento que estoy a punto de colapsar.

"Gonza va a estar bien".

Inspiro una gran cantidad de aire y me aferro lo más que puedo a esa última frase que dijo mamá; de otra manera no creo poder reunir la fuerza suficiente para enfrentarme a esa lucha que es inevitable y de la que quiero y debo participar; por mi falso mellizo, por Gonza (y creo que nadie que no tenga un hermano, entiende ese lazo invisible que une nuestras almas).

Y de repente, me encuentro sola, débil y desorientada. Pero buscando latidos; los suyos.







Faaaaa, no me esperaban. Yo tampoco, pero como no se que va a ser de mi este finde quise mimarlas un poco (?). 

Amo este capítulo, el flashback sobre todo.

En fin espero que lo disfruten, desconchen! Nos vemos prontito.

Lluevales Pedros Alfonsos sonrientes con camisas desabotonadas a cuadros.

PD: Lau, ahora te vas a dar cuenta de lo que te decía. Te quiero mil <3